3 de diciembre
El relato de hoy se puede disfrutar también en formato audio, narrado por el propio autor:
En los albores de mi vida ya sabía cuál iba a ser mi cometido y el motivo de mi existencia. Mi esencia fue extraída de los más profundos deseos de los dioses que rigen este mundo para darme la vida. Me fueron otorgados sus poderes, su magia cósmica, con el fin de tentar a los mortales, para ponerlos a prueba y ver hasta dónde estarían dispuestos a llegar para cumplir sus más profundos deseos.
Antes de que existiesen las grandes ciudades, los dioses me erigieron un enorme templo donde las brújulas no pueden señalar dirección alguna. En él me encerraron y me hicieron esclavo de mi cometido. Nunca he conocido la libertad, pero tampoco me interesa conocerla. En varias ocasiones, los deseos de los viajeros me han sorprendido al pedir mi libertad… Ninguno lo decía de corazón, se veía en sus rostros, en sus movimientos erráticos y nerviosos. «Compasión», decían unos; «bondad», decían otros. Siempre podía ver la verdad en su interior y descubrir cuáles eran sus verdaderas intenciones una vez hubiesen logrado liberarme.
Nadie ha sido capaz de superar esa prueba.
Mi cometido es realmente entretenido; tengo la misma inteligencia que un dios, su mismo poder y, seres insignificantes como los humanos, no paran de sorprenderme con sus deseos. ¿Son capaces de arriesgar su vida por esa clase de insensateces?
Con el tiempo, me fui acostumbrando a sus visitas, a sus deseos y a la diversión de verles afrontar las diversas situaciones. Ganar las pruebas significaba que su deseo se haría realidad, pero perderlas significaba morir. He oído miles de veces, en mitad de una prueba, cuando todo se derrumbaba, cuando se veían superados, pedir la rendición… ¡Ja, ja, ja! ¡Yo tengo el poder! ¡Yo decido quién tiene privilegio! Solo los que lo merecieron de verdad tuvieron esa opción.
Esa mujer… si se hubiese adentrado en la prueba que le correspondía, la habría sacado si su vida corriese peligro sin tan siquiera pedírmelo. La primera vez que la vi pensé que era una humana, resplandeciente. Sus orejas me confundieron por un momento; parecía una elfa, pero tampoco lo era. Por primera vez en siglos me quedé anonadado ante tal belleza. No era una elfa, ni tampoco una humana: era una ninfa. ¿Qué demonios hacía una ninfa allí, lejos de sus bosques?
Había oído hablar sobre ellas. Conocía su cultura y sus costumbres; sabía que eran bellas, pero jamás llegué a imaginar que su belleza fuese la de una diosa. Cuando la escuché hablar, su deseo volvió a sorprenderme: quería mi libertad y estaba dispuesta a luchar por ella. Miré en su interior, sus emociones, sus pensamientos, su esencia… ¡Decía la verdad! Quería que fuese libre sin esperar nada a cambio, solo por la satisfacción de romper mis cadenas…
Tuvimos una larga y agradable conversación. Su manera de explicar y contar las cosas rozaba la excelencia. Era casi tan buena como yo. Quería saber el porqué de su deseo y cuando lo supe, tuvimos un memorable enfrentamiento de ideas, a base de palabras, cuyos únicos temas eran la libertad y la esclavitud.
No iba a ceder, quería mi libertad, pero ya me encargué de quitarle la esperanza. En el momento que supo la dificultad de la prueba, en el momento que supo que para que su deseo se cumpliese debía herir en combate al dios que me creó, no pudo continuar.
Muy pocas veces he sentido lástima por un mortal y, sin embargo, esa ninfa hizo que la sintiese. Su marcha desmoronó todo en lo que yo creía, todo lo que hacía e, incluso, mis capacidades y, empezaron las preguntas. ¿Por quién sentía lástima en verdad, por ella o por mí? ¿La libertad es tan agradable como decía? He dedicado toda mi vida a lo mismo y no es algo que me desagrade.
Empecé a recordar a todas esas mujeres y esos hombres cuyos deseos eran convertirse en las personas más bellas del mundo. ¿Acaso no cumplí su deseo? ¿Tengo los poderes de un dios y tengo límites? Soy capaz de devolver la vida, de transportar a la gente a otros planos, ¡¿y soy incapaz de crear algo tan bello como esa ninfa?! ¡Ni siquiera soy capaz de crear una ilusión que refleje su belleza! Necesito respuestas.
Mis deseos por volver a ver a esa ninfa comenzaron a nublar mi mente. Quería volver a contemplarla, quería ver lo que mis poderes no podían recrear y charlar con la única mortal con la que merecía la pena hacerlo.
Mis pruebas comenzaron a ser más difíciles, mi carácter se volvió más áspero y mis intentos por contactar con mi amo fueron inútiles. Empecé a buscar el doble sentido a las peticiones que me hacían y a concederles lo que a mí me parecía que habían pedido basándome en sus palabras.
No recuerdo los años que pasaron hasta que un hombre vino a pedir su deseo. Noté al instante que era alguien excepcional. Su esencia no era la de un humano, es más, su mera existencia tenía hilos que me recordaban a los míos… En cuanto se presentó, supe quién era: Cal’ Ajash, uno de los pocos semidioses que pueblan el mundo.
Era un hombre honorable, con afán de superación y con la certeza de que su palabra era lo más valioso que tenía. Su deseo era mi libertad… ¿Sería posible? Miré en su interior con una dificultad que jamás había experimentado hasta que logré llegar a la raíz de su deseo que me haría decidir su desafío.
Una promesa a una mujer de desmesurada belleza le conducía a este destino, pero había algo más. Dibujé una sonrisa de oreja a oreja cuando descubrí el motivo real que le había conducido hasta mí, hasta ese deseo: la prueba.
Quería enfrentarse a su padre, quería herirle y demostrarle que los mortales no son tan débiles como él creía… Nuestros objetivos coincidían y nada me ataba a dar consejo. Esta era la oportunidad que tanto tiempo estaba esperando y no la iba a dejar pasar.
Me encerré en mi lámpara, y esperé, y esperé, y esperé… Dejé de acudir a mis obligaciones, cerré la entrada al templo para cualquiera que intentase acceder hasta que la prueba terminase.
Una energía en mí me indicó que la prueba había terminado y mi poder hizo traer de vuelta a Cal’ Ajash sin saber si traería su cadáver o su triunfo.
Su cuerpo estaba lleno de sangre y no se movía… Si un semidios había sido incapaz de herir a un dios, mi libertad era algo impensable. De pronto, noté que se movía, que su pecho se inflaba débilmente y comprendí que no estaba muerto; estaba tan malherido y tan cansado que su estado me hizo pensar que estaba muerto.
—Djinn. —Un eco resonó por todo el templo y una silueta lumínica se generó en la oscuridad. Fue tomando la apariencia de un humano perfecto y se acercó hasta quedar cara a cara con mi amo. Me enseñó su torso desnudo, su pectoral izquierdo, donde había un corte profundo que, al instante se regeneró—. Quería que vieses con tus propios ojos que mi hijo ha superado la prueba. Eres libre.
El eco de su voz resonó con tal potencia, que mis grilletes se abrieron y se despegaron de mí. Al fin podía ver mis muñecas y se veían muy extrañas, muy vacías, sin esos accesorios que me habían acompañado desde siempre. Me notaba más ágil, más vivo.
—Ha sido un honor haber pertenecido a algo tan grande, amo.
—Ya no soy tu amo.
—¿Qué hay de vuestro hijo? ¿No le curáis como muestra de honor?
—Quiero darte ese privilegio a ti. Usa tu magia ahora que las cadenas ya no te retienen a ningún lugar. Experimenta tu libertad.
Asentí con orgullo y me acerqué al cuerpo moribundo de mi liberador, dispuesto a usar mi magia para curarle y que me llevase frente a aquella mujer. Extendí mis manos sobre su cuerpo, recité las palabras de poder divino y… ¿Qué demonios…? Repetí de nuevo las palabras, pero esta vez no solo no funcionó; comencé a ver cómo mi cuerpo, cómo mi piel iba perdiendo mi preciado color azul y su humeante y compacto tacto. Mi mente comenzó a nublarse, mi conocimiento comenzó a desvanecerse y mi poder comenzó a alejarse de mí.
Miré a mi amo, aturdido. Pude ver cómo sonreía con una sonrisa de satisfacción y maldad mientras se desvanecía en un tornado de luz junto a todo el templo.
Me desmayé y, cuando desperté, me di cuenta de lo ingenuo que había sido. A mi lado aún permanecía Cal’ Ajash. No sabía si sus heridas habían terminado por matarle o había sido su propio padre el que le había dado el golpe de gracia.
Esa sensación que tuve, esa ira que sentí contra mi amo… Mi salvador había muerto y no sabía nada sobre aquella mujer; mi cuerpo se había convertido en el de un elfo. Esa ira se extendió sobre Cal’ Ajash y sobre aquella mujer. ¿Cómo podía haber sido tan mezquino para renunciar a algo tan grande? ¿Cómo podía haber arruinado mi existencia por el ansia de más conocimiento? ¿Por qué no lo había visto venir?
Estoy solo, en mitad de una llanura y, por primera vez, no sé qué hacer ni a dónde ir. Lo único que sé con claridad es que me he equivocado. Mi poder no residía en mí, sino en mis cadenas…
SOBRE EL AUTOR
Carlos Gómez Guerrero ha publicado tres libros: “El legado de Ferum”, que fue galardonado con el premio a la mejor novela fantástica 2017, “Isla de las letras” de la editorial Atlantis y “El legado de Luz” que es su precuela. Y “El legado de Éretic” que es la segunda parte, tras el legado de Ferum. Varios relatos cortos de fantasía en deviantart junto a otros autores como fantasyclubautores. Una novela ligera gratuita en Wattpad titulada “¿Un mundo de fantasía sin un rey demonio?”. Y por último, un canal de youtube “relatos y mazmorras” donde comparte su aprendizaje y consejos a la hora de escribir una novela.
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Nuria Blanco Nevado
FANTASÍA Y CIENCIA FICCIÓN
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