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domingo, 19 de noviembre de 2023

23 de diciembre

SOLD OUT.

Cristina Domingo

Jian se encontraba recostado sobre su lujoso y cómodo sillón de cuero negro, desde ahí podía controlar su gran y fructífera empresa. Desde la única sala de su minúsculo apartamento. Las acciones habían vuelto a bajar, lo que le había hecho perder en tan sola una noche unos 30 millones de yuanes. Cerró la página con desdén, e inclinándose hacia delante abrió un programa, en el que introdujo un código y pasó una pulsera por el detector. Contraseña autorizada, vio escrito en la pantalla, y, por primera vez en todo el día, ahí estaba ella, dormía plácidamente entre las sábanas sin saber que en unos breves instantes la alarma la despertase. Comprobó su reloj, apenas quedaban unos minutos, pero aun así esperó pacientemente. Era su parte favorita del día, ver cómo Lili se despertaba con esfuerzo y se arrastraba hasta la cocina para prepararse el desayuno. 

Mientras esperaba a que tal evento ocurriese, Jian se estiró hacia su lado derecho y, sin levantarse del sillón, abrió una puertezuela de lo que podríamos llamar la cocina, sacó un paquete de comida, lo abrió, vertió agua en su contenido y lo metió en un microondas. Esperó pacientemente observando cómo el paquetito se hinchaba y daba vueltas dentro del aparato, cuando de repente, detrás de él, una alarma sonó. Jian se giró bruscamente y, pensado que se trata del despertador de su querida Lili, algo había ocurrido en la bolsa, algo gordo. Al girarse pudo ver en la pantalla una gráfica en rojo y los números desplomados. ¿Qué había pasado? Jian abría y cerraba ventanas frenéticamente, ¿cómo había podido ocurrir? No podía ser cierto, volvió a abrir una pantalla. El ordenador vibró ante una llamada entrante. 

—Jian, ¿qué cojones ha pasado? —dijo un muchacho al otro lado de la pantalla. 

—No lo sé, ¿es cierto? ¿Cómo ha podido pasar? —Jian seguía observando la gráfica. 

—¿Cuánto hemos perdido? 

—Puede que apenas unos millones, no lo sé aún, tengo que saber exactamente qué ha ocurrido. —contestó Jian agitado. 

—Creo que ha sido algo más, mira —El muchacho le envió una nueva gráfica que apareció en su pantalla. Jian al observarlo se agitó. 

—¿De dónde has sacado esto? —preguntó Jian ido por la ira y los nervios. 

—Me lo ha pasado el de contabilidad, es fiable. —contestó el chico con aire de tristeza. 

—No puede ser, ¿lo hemos perdido todo? —Jian no daba crédito. 

—Lo siento, tío, algo se podrá hacer, tendremos que esperar a que cierre la bolsa para saber exactamente en qué posición estamos. 

—Déjame pensar, ¿vale? Luego hablamos. —Jian colgó. 

Estaba totalmente arruinado, su empresa se había ido a pique en cuestión de segundos, hace un mes su empresa estaba valorada en millones de yuanes y, ahora, apenas merecía la pena. Todo por lo que había estado luchando había desaparecido de un plumazo. 

De repente, otra alarma sonó, allí, en la pantalla de su ordenador, su querida Lili se estaba desperezando a duras penas. Rápidamente el observador abrió varias ventanas, en las cuales se podían ver distintas imágenes de la casa de la joven. Din. La comida estaba lista, estirándose como podía, pero sin dejar de posar la mirada en las múltiples pantallas Jian cogió su merienda. Estaba totalmente confuso, pero solo Lili podía evadirlo de la realidad, además, hoy era un gran día para Lili y se iba a pasar toda la noche apoyándola.  

Abrió el paquetito que soltó nubes toscas de vapor y sopló con esmero antes de meter unos palillos y llevarse a la boca un puñado de fideos. Lili ya se había sentado con un café en la mano y observaba por la ventana cómo las calles de Philadelphia se levantaban a su par. En la pantalla podía verse su rostro de ébano, sus pestañas largas y oscuras que escondían unos ojos negros e infinitos. Cuando terminó se dirigió al baño, donde antes de meterse en la ducha observó su cuerpo frente a un espejo, se quitó el moño que recogía su afro y oscuro pelo y con las manos intentó subirse los pechos o hundir una parte de su abdomen. 

—Lili, eres perfecta tal y como yo te veo. —dijo Jian que ya había terminado los fideos y los lanzó a la mesa de atrás junto al resto de desperdicios que atestaban su pequeño estudio de Shanghai. 

Finalmente, Lili se metió en la ducha, se vistió y salió de su apartamento. Rápidamente Jian volvió a teclear en su ordenador y las ventanas cambiaron, ahora las cámaras de las calles proyectaban a una Lili esperando al metro. Y tras unos minutos, una Lili parada frente a un gran edificio. Estaba nerviosa, Jian podía verlo, ya que conocía sus gestos y esa forma de frotarse las manos frente al edificio de Archers Works, donde Lily llevaba siete años trabajando. 

—Lo harás bien, ya verás, yo confío en ti —dijo Jian—. He pagado 5.000 yuanes para que todo salga bien, no dejaré que te decepcionen. Además, el día no puede irnos peor, ¿verdad?

Finalmente, Lili se infundió de valor y entró para demostrarle a todos el proyecto en el que había estado trabajando durante varios meses. 

Jian volvió a teclear y las cámaras pasaron dentro del edificio. A la sala de reuniones. Lili llamó a la puerta y le hicieron pasar. Esta vez, Jian activó los micrófonos. 

—Pasa Lilian y siéntate, empezaremos enseguida. 

—Ese descerebrado, como se te ocurre fastidiarle el día a mi pequeña… —dijo Jian desde la salvedad de su estudio, muy lejos de allí. 

Lili se sentó y comenzó a sacar sus papeles y a montar la presentación. Cuando todos estaban sentados alrededor de la mesa, le dieron paso. 

—Bueno, bienvenidos a todos, quiero dar las gracias al jefe directivo por esta oportunidad de presentar este proyecto en el que llevo varios meses trabajando y en el que he puesto todo mi corazón. 

Jian aplaudió desde su sillón. 

—Vamos, pequeña, son tuyos —dijo mientras abría una bolsa de patatas fritas sabor pollo frito. 

En el salón, los compañeros asintieron. Lili comenzó a trastear en el ordenador, pero algo fallaba, no sabía por qué, pero la presentación no se abría. ¿Qué estaba pasando? Lili empezó a ponerse nerviosa. 

—¿Todo bien? 

—Sí, solo un momento, no sé qué ocurre, pero no se abre. —Jian se inclinó hacia delante y observó. ¿Qué estaba pasando? 

—Quizás sea el formato, si no, puedes enseñarnos el proyecto sin la presentación —Lily se puso pálida, había trabajado mucho en ello. 

Jian dejó a un lado la bolsa de patatas y tecleó rápidamente, tras unos segundos una pantallita apareció en un lado. 

—Tranquila, pequeña, yo te ayudaré —dijo para sí mismo—. Hoy no nos van a joder el día a los dos. 

—Bienvenido al asistente, ¿en qué puedo ayudarte, Jian? —sonó una voz robótica. 

—Quiero ayudar a Lili —dijo Jian ansioso. 

—Por favor, dime el número de usuario. 

—Oh sí, claro —Jian pasó los dedos por los postits que poblaban la pantalla de su ordenador—, es el 03147. 

—¿Quiere ayudar a Lilian Freeman? 

—Sí 

—¿En qué quiere ayudarle? 

—Arreglar su ordenador, ahora mismo. 

—Hemos detectado que tiene un problema en la lectura de sus archivos, ¿quiere ayudarle? 

—Sí —dijo Jian en voz alta, debían darse prisa. Al otro lado de las pantallas podía ver a su pequeña Lili dejarse llevar por los nervios. Estaba dándose por vencida, iba a hacer la presentación sin su ordenador. 

—Le recordamos que este servicio no se encuentra en la tarifa que tiene usted contratada, por favor, pase su pulsera para confirmar la compra de este servicio —Jian pasó rápidamente la pulsera por el detector —. Muchas gracias por su compra, los cambios se harán efectivos inmediatamente. 

El ordenador de Lili se activó y proyectó su presentación en la pantalla de la oficina. Jian resopló con alivio. 

—Gracias por su compra, en breves instantes le llegará un recibo a su panel de usuario. Espero que el servicio con Partners and Co haya sido de su agrado —El asistente desapareció. 

Jian volvió a recostarse sobre su sillón y a comer sus patatas fritas. Mientras él estuviese a su lado, nada malo podría ocurrirle. Ya había pagado una gran suma para asegurarse de que todo iba a salir bien, el café iba a estar a su temperatura ideal, así como el aire acondicionado y, por supuesto, el ordenador. Pero ya se sabe, en estas compañías, si pueden, te exprimen hasta el último yuan. 

—Como ven, además de representar la cultura negra desde sus raíces, nos permitiría marcar un antes y un después en esta compañía —Lili terminó, todos los compañeros a su alrededor aplaudieron con desgana. Jian desde su sillón aplaudió con entusiasmo y gritó vítores haciendo que trocitos de patata salieran despedidos de su boca. 

—Vale, muchas gracias, Lilian, ahora ¿alguien quiere preguntar algo? —dijo uno de los compañeros. 

—Sí —el cliente preguntaba. Jian esperaba que todo fuera bien, casualmente había pagado para que preguntase exactamente lo que tenía que preguntar, que, casualmente, había hecho que se le apareciera a Lilian en sus apuntes para que lo repasara el día de antes—. Yo quería saber, qué parte de la cultura negra representa, quiero decir, no quiero ofender, pero me parece un poco racista, omitir la parte de la negra esclavizada. ¿No crees? 

Lili se quedó paralizada. 

—¿Cómo dice? 

—Sí, aunque no te guste, la esclavitud es parte de la historia negra en este país, ¿por qué la has obviado en ese proyecto? 

—Bueno, yo… —Lili estaba en shock. 

—Pero qué dice el gilipollas este —Jian gritó inclinándose en su estudio. Ya había caído la noche en Shanghai y solo la tenue luz de la pantalla del ordenador iluminaba su rostro. 

—¿No crees que es algo pretencioso? —dijo el cliente. 

—Bueno, es cierto que es parte de la historia, pero no es parte de la cultura, ¿además cómo podría representar la esclavitud en un edificio? 

—No sé, te pregunto a ti. 

Lili estaba a punto de echarse a llorar. Jian resoplaba frente a la pantalla. El jefe ante tal situación tomó cartas en el asunto. 

—Bueno, muchas gracias por sus preguntas, estoy seguro de que Lilian tomará en cuenta estas cuestiones antes de la próxima reunión. 

—No, ya he oído suficiente, no creo que aceptemos el proyecto —dijo el cliente mientras se levantaba de la mesa de reunión. Un séquito a su espalda se levantó con él. 

—¿Cómo dice? —El jefe estaba anonadado. ¿Habían perdido la aprobación del proyecto? 

—No, está claro que ella no sabe sintetizar la esencia de una cultura —dijo mirando fijamente a Lili mientras salía por la puerta con sus múltiples asistentes. 

Lilian indignada e impotente, salió del despacho corriendo, llorando sin consuelo. Jian tecleó rápidamente para seguirla con las cámaras. 

—Maldito hijo de puta —susurró a la pantalla. 

Finalmente, Lili se detuvo en la entrada del edificio, en una gran plaza con una fuente donde las gentes se paraban a tomar café o su sándwich de media mañana. Lloraba sin consuelo. Jian tecleó nuevamente, no podía verla llorar, pero aún así, quería verla más de cerca, quería sentir su dolor y apoyarla. Quizás pagaba para que se encontrase un billete en el suelo, o para que encontrara una galleta en el fondo de su bolso. La cámara proyectaba la cara de abatimiento en la pantalla. Jian amplió la imagen, observaba con dolor aquello que no podía reparar. Su cara, su preciosa cara, la esencia de su persona a través de su ordenador. Preciosa tal y como era. 

De pronto la imagen se congeló y una ventana saltó. 

Ha expirado su periodo de observación, por favor, pase la pulsera para renovar o consulte nuestras nuevas tarifas. 

—¡¡Maldición, esta noche no!! —grito Jian y golpeo con fuerza la mesa haciendo temblar sus monitores. Intentó quitar la pantalla que bloqueaba la visión de la cara congelada de Lili. Antes de que pudiera observarla con detenimiento, otra pantalla saltó en su monitor. 

Llamada entrante del señor y la señora Zhao, pulse enter para descolgar

Jian suspiró fuertemente y cerró la pestaña. No tenía ganas de hablar con nadie. Volvió a buscar el asistente, tenía que renovar cuanto antes para ver qué le pasaba a Lili. ¿Cómo estaría? Nuevamente y sin previo aviso, la llamada entrante emergió en el centro de su monitor. 

Llamada entrante del señor y la señora Zhao, pulse enter para descolgar

Finalmente, y sin mucho gusto, atendió la llamada. 

—Hola, cariño, menos mal que nos ha cogido la llamada, no hay forma de hablar contigo. Tienes a tus padres abandonados —dijo una señora de avanzada edad que aparecía en pantalla. 

—Hola, mamá, sí, tienes razón lo siento, he estado ocupado. 

—Eso no es excusa para abandonar a tus padres, ¿me oyes? 

—Déjalo, ¿no ves que está ocupado con la compañía? Acaba de perder mucho dinero, ¿qué ha pasado, hijo? ¿cuánto ha sido? Estamos devastados con la noticia —dijo un señor también de avanzada edad. 

—Sí, aún no sabemos qué ha ocurrido, los últimos datos hablan de una devaluación del 300%.

—Oh, dios mío y encima sin novia—dijo su madre. 

—Así no le ayudas —dijo el padre.  

—Mamá, ahora no tengo tiempo para esas cosas. 

—¿Tiempo? ¿Cómo vas a honrar a tu familia sin nietos? 

—Mamá, me tengo que ir, pronto iré a veros —Y antes de que pudieran contestar, Jian colgó el teléfono. Hacía tiempo que sus padres y la sociedad le presionaban para que tuviera novia, se casara y, por supuesto, tuviera hijos. Nadie en china se casaba para no tener hijos. Pero, él no podía casarse, estaba con Lili. Ella era todo su mundo, cómo iba otra mujer a comprender eso, cómo iban a pasar las tardes viendo juntos a Lili ir a correr por el parque, o cómo le iba a acompañar de fiesta. No, eso era difícil, sobre todo cuando Jian disfrutaba de su soledad observando en ropa interior a Lili. No habría persona que entendiera eso. 

Otra llamada entrante rompió sus pensamientos. 

Llamada entrante de la compañía Partners and Co, pulse enter para descolgar. 

Jian descolgó de mala gana. 

—Buenos días, señor Zhao, le llamo de la compañía Partners and Co, después de cinco años en nuestra compañía nos gustaría agradecer su fidelidad. Hemos visto que su mensualidad ha expirado, pero no se preocupe, le llamo para ofrecerle algo inaudito. 

—Hable —dijo Jian de malos modos. 

—Hemos visto que lleva siguiendo al usuario 03147 desde que comenzó en nuestra compañía teniendo exclusividad en este usuario desde hace tres años. Estudiando su caso, hemos visto que pasa una media de veinte horas conectado y viendo la cantidad de puntos acumulados que lleva por compras extras, nos gustaría ofrecerle el paquete íntegro de viaje de aceptación a la mitad de precio. 

—¿En serio? —dijo Jian asombrado. 

—Sí, usted es uno de nuestros mejores clientes y pensamos que quizás el momento sea ahora. En el mismo momento que contrate nuestra oferta, tendrá un periodo de adaptación de una semana, donde se le enseñará a moverse, a hablar y a manejar el dinero, así mismo, se le hará una serie de simulaciones para que se sienta totalmente conforme y preparado para dar el salto. Después se instalará en nuestras cabinas de materia, donde se producirá el viaje de aceptación, una vez allí también contará con un sistema de guía durante una semana, en caso de que necesitase más, tendría que abonar una pequeña cantidad extra. 

—Pero, el viaje de aceptación, ¿sería para siempre?

—Esta oferta que nosotros le ofrecemos es específica para usted, así que podría estar el tiempo que quisiera, en caso de tener algún problema de adaptación, podría volver a las cabinas de materia donde volvería a entrenarse hasta que estuviera preparado y en caso de no ser de su agrado, podría volver en cualquier momento, esto se llamaría el goshting, pero para lo cual cancelaría la tarifa que le ofrecemos y perdería  por tanto el contacto con su usuario teniendo que elegir otro. De todas formas, siempre podría volver a la tarifa que tiene ahora mismo. 

Aham y está a la mitad de precio, ¿no? 

—En efecto, normalmente está a tres millones de dólares, pero para usted estará en un millón y medio. Esta oferta está válida hasta fin de mes, para que tenga el tiempo necesario para consultarlo con la almohada. 

—Pero ¿podría verla? 

—Claro, en nuestro viaje de aceptación, le daríamos una vivienda en su mismo vecindario y acceso a todas las actividades que su usuario tiene, aumentando las posibilidades de encuentro, así mismo al tener monitorizada su actividad a tiempo real, podría arreglarse un encuentro en cualquier momento para asegurar que tendrá contacto directo. 

Jian guardó silencio. ¿Quizás era el momento? Total, había perdido todo, su compañía se había ido a pique, además vivía apartado de la vida social real. Ahora que nada le ataba a este mundo, era el momento. Ya había intentado hacer vida social yendo las reuniones, a los pubs y a las grandes fiestas que se daban en su nombre en la empresa, cada vez que vendía unas cuantas acciones y entonces allí encontrar a su esposa y tener hijos tal y como quería su madre. Ya lo había intentado, hace unos años, había conocido a Mei, era guapa y elegante, justo lo que sus padres querían, pero en seguida le empezó a pedir que perdiera peso, que se aseara o que se vistiera mejor. Y al final del día, cuando se metía en la cama junto a Mei, sólo podía pensar en Lili, miraba el pelo lacio de su acompañante y le parecía mustio y sin vida. Miraba la piel blanca inmaculada por la que siempre luchaba Mei y la detestaba, ¿dónde había quedado la piel brillante color caoba que le hacía ser tan especial a Lili? Finalmente, o no por decisión de Jian, Mei se largó una mañana por donde había venido, Jian no sabía si era un día soleado o lluvioso, porque estaba encerrado en el baño observando a través de las pantallas. Así que cuando se quedó finalmente solo, vendió el piso que Mei se había empeñado en comprar y se fue a vivir a un estudio de unos veinte metros en el centro de la ciudad, tenía todos los servicios que la proximidad le podía dar y todo el amor que Lili, sin saberlo, a través de los monitores podía darle. Ah, ¿cómo alguien tan ignorante de su situación podía dar tanta felicidad? Jian recordó cuando le compró a Lili un anillo, hizo que se lo encontrara al salir de un restaurante en una mala cita.  Había pagado a conciencia para que esas citas fueran mal, pero no se arrepentía. Aunque ella se sintiera sola, no sabía que lo hacía por ella, tenía que esperarlo. Quizás ya era el momento, no podía hacer que le fuera mal durante toda su vida, Lili tenía veintiocho años y si querían tener hijos lo mejor era antes de los treinta. Jian, en cambio, se acercaba a los cuarenta. 

—Señor —La pantalla lo sacó de sus pensamientos—, si quisiera comprar nuestra oferta solo tendría que solicitarlo a su asistente, tiene un mes para pensárselo, hasta entonces muchas gracias por su atención…

—Espere —dijo Jian—, quiero contratarlo —dijo en un susurro apenas audible. 

—¿Cómo dice? 

—Quiero contratar el servicio, estoy preparado. 

—Genial, me alegro de que haya dado el paso, para terminar de formalizar el proceso, por favor, pase la pulsera por el detector. 

Jian sin dudarlo ni un instante pasó la pulsera por el aparato al lado de su ordenador. 

—Felicidades, señor Zhao, usted ha contratado el paquete viaje a la aceptación. Es un honor darle la bienvenida, en cuanto se haga efectivo, se la abrirá una carpeta con toda la documentación necesaria, tendrá las fechas previstas y un dosier con toda la información para comenzar su adaptación. Si tuviera cualquier pregunta no dude con contactar con su asistente. Quiero felicitarle personalmente por dar este paso después de tantos años, solo le deseo lo mejor y darle la bienvenida a su nueva vida. Buenos días. — El asistente se colgó. 

Jian se quedó jadeando frente al ordenador. Lo había hecho. Pronto vería a Lili. ¿Era todo esto real? Se levantó con dificultad del sillón y pisando con los pies descalzos la basura de su alrededor se acercó al baño y encendió la luz, que hizo que se cubriera los ojos durante unos instantes, hasta que finalmente se acostumbró. El lavabo estaba lleno de polvo del escaso uso y el espejo poseía manchas debido a la humedad, Jian se observó. El tiempo le había pasado mella, tenía obesidad debido a la mala alimentación y el poco movimiento, tenía le pelo graso y escaso y se le pegaba a la cabeza con poca gracia. Las gafas, que antes le habían parecido algo moderno, ahora les parecía anticuadas y horribles. Si quería enamorar a Lili tenía que cambiar, tenía que ser una mejor versión de sí mismo. Tenía apenas una semana para lograrlo, lo cual el objetivo era poco realista, pero cambiar su actitud era el primer paso. Su ordenador sonó en la sala contigua. Se acercó arrastrando los pies mientras se topaba con decenas de bolsas y de paquetes en el suelo. En su ordenado se abrió una ventana. 

Bienvenido, señor Zhaou, al programa de viaje de aceptación. Delante de usted tiene un dosier con toda la información que necesita para hacer este viaje lo más fácil posible. Nuestro objetivo es que disfrute en su totalidad sin ningún compromiso y que finalmente se encuentre con su usuario soñado. Solo nos queda una semana, durante este tiempo trabajaremos para que el viaje sea lo más sencillo posible. En caso de cualquier duda, consulte directamente con su asistente. Gracias por contratar este servicio y bienvenido. 


Tras una semana, Jian parecía una persona nueva, todo lo que no había perdido en la bolsa, lo había invertido en su aspecto físico, se había hecho una liposucción y se había operado la vista, así que ya no necesitaba llevar esas horribles e incómodas gafas. Así mismo, un tupido tupé brillante y sano estaba peinado sobre su cabeza.

Esperaba impaciente en una silla en la sala de espera de la gran compañía Partners and Co, durante toda esa semana no había podido observar a Lili, ya que en sus primeros encuentros cabía la posibilidad de que el cliente contase algo de la vida privada del usuario o algo relativo que hubiese ocurrido hace poco y, por tanto, podía arruinar todo el proceso y verse obligado a hacer un goshting, perdiéndola para siempre. 

—Bienvenido, señor Zhao, pase por aquí —Jian se levantó ansioso y siguió a la mujer—. Hoy es el gran día, debe estar tranquilo, hemos realizado muchos viajes de aceptación y usted ha sido entrenado, durante este tiempo ha perfeccionado su inglés, ha aprendido sobre Philapelphia y sobre el año que acontece a su usuario —Llegaron a una sala de cabinas de materia, la mujer cogió los objetos personales de Jian y le invitó a sentarse en una de las crisálidas de que se disponían en línea—, por favor, tome asiento. Tranquilo, todo irá bien. 

La cabina se cerró. El corazón de Jian iba a mil por hora, pero el lugar era cómodo, olía fresco y una musiquilla de jazz se oía de fondo. De pronto, oyó una voz a la cual estaba familiarizada por las pruebas previas. 

—Bienvenido, señor Zhao, al viaje de aceptación. Dentro de unos instantes, comenzaremos, primero sentirá presión y posteriormente viajará al uno de mayo, martes, del año 2007 en Philadelphia en Estados Unidos, a las 9 horas de la mañana. Aparecerá en su estudio de Wharton Street, a solo dos calles de la de su usuario. En todo momento, estará monitorizado con la sede. Solo desearle feliz estancia y suerte en su empresa. 

La música volvió, las luces se volvieron tenues y finalmente un pitido sonó, seguido de otro, el intervalo se volvió cada vez más corto hasta que finalmente se oyó un pitido infinito. Sintió primero una leve presión y después más y más fuerte. 

De pronto, una alarma sonó. Jian de forma automática paró el sonido de un manotazo y volvió a la comodidad de las sábanas que le ofrecían su nuevo apartamento en USA, unos veinte años atrás de su fecha actual. 

—Señor Zhao, despierte. Bienvenido a la vida de su usuario. 

Jian, ahora consciente, se levantó de golpe abriendo mucho los ojos. Salió de la cama despedido buscando a su alrededor, mirando todo lo que su nueva vida contenía. 

—Señor Zhao, le recomendamos que el primer día pasee por la ciudad y se adapte de la forma más tranquila posible, hasta que tenga su primer encuentro con el usuario. 

Jian miró el reloj, las 9, si todo era como siempre, Lili estaba a punto de coger el metro en el 19 de Wharton St para dirigirse a su trabajo. Se asomó rápidamente al baño, seguía peinado como lo estaba en el 2053, se vistió con la ropa que encontró en el armario y salió despedido a la calle. 

—Señor, Zhao, le recuerdo que no se recomienda tener el primer encuentro con el usuario en el primer día. 

Jian sin hacer caso a lo que le decían del futuro,  corría hacia la calle en búsqueda de Lili. Se había aprendido el mapa de la ciudad entero, así que corrió directamente al metro. Había soñado con ese encuentro tantas veces. Estaba ansioso, las manos le sudaban y jadeaba ahora de la forma en la que una persona acostumbrada al deporte jadea, controlado. 

Llegó a la boca de metro y comprobó la hora, las 9 y 10, Lili estaría esperando en el andén a que llegase el metro a las 9 y 13, exactamente. Bajó las escaleras ahora más tranquilo, andando como si no fuese la primera vez que recorría esas escaleras y, la verdad, que no lo era, había hecho ese mismo camino cientos de veces a través de las cámaras desde su apartamento en Shanghai dentro de muchos años, en el futuro. Andaba mirando a todos lados buscando el pelo afro y los ojos oscuros. Llegó al andén y, al fondo, vislumbró alguien que le resultó familiar. El corazón le iba a mil, tenía que asegurarse de que era ella, se acercó entre el barullo de gente que se movía ágil con la llegada del metro. Finalmente, reconoció el jersey naranja que él le había regalado, ella había estado ojeándolo por internet y él se lo compró, ella no lo sabía, por supuesto, para ella, le había tocado en un sorteo. Llegó a la misma entrada del metro donde ella estaba. La observó de lejos, era tan perfecta como había visto por las cámaras, su pelo, su piel, era preciosa. Era Lili. 

—Señor, Zhao, le insistimos en que de la vuelta inmediatamente —Se oyó una voz al otro lado del pinganillo. 

Ella iba mirando el móvil cuando las puertas del metro se abrieron, la gente comenzó a salir y cuando parecía que el flujo de gente paró, comenzaron a entrar, Jian se movió cuando vio que Lili también lo hizo, levantando por un instante la mirada de su móvil. Madre mía, era increíblemente preciosa. Se acomodó en un asiento, pero Jian se quedó de pie, observándola de forma casual. Un pitido avisó de que las puertas se cerraban y el metro finalmente arrancó, el vaivén hacía que los pasajeros se movieran a su merced. Lili seguía con la mirada en el móvil. ¿Cómo haría para llamar su atención? Jian anduvo al otro lado del metro y se asió de la barra que se encontraba más cerca de ella. La miraba con descaro. Ella ajena a su persona, se pasó el asa del bolso por la cabeza y, sin querer, el móvil cayó al suelo estrepitosamente. Jian, tenso por la situación, salto rápidamente a cogerlo, Lili se agachó instintivamente y cogió el móvil de la mano de Jian mirándolo directamente a los ojos. 

—Gracias —dijo la chica. 

Jian temblaba de arriba abajo. 

—Señor, Zhao, debo comunicarle que su cuenta bancaria no posee el crédito suficiente para … —Jian se arrancó el pinganillo y lo guardó en su bolsillo con gestos toscos. 

—Me llamo Jian —susurró. Lili solo pudo sonreír con simpatía y se volvió a su asiento. 

Jian se agitó, ¿qué podía decir para llamar su atención? En ese momento, el metro llegó a la parada. Lilian se levantó y salió de prisa hacia el trabajo, Jian salió tras ella. Se puso de nuevo el auricular, tenían que decirle si seguiría la ruta habitual. 

Al salir al andén, Jian la siguió con la mirada, tal y como era habitual, ella subía las escaleras hacia la salida de Clayton St. La gente se agolpaba impidiendo que la Jian siguiera. Jian empujaba con fuerza, intentando hacerse hueco entre la muchedumbre, en ese momento, el tren dejaba la estación. Debía dar con ella antes de que entrase a su oficina, si se volvía a encontrar ahí, parecería que la perseguía y eso podía hacer que se alejara de él. Como si todo el mundo se hubiese puesto de acuerdo, la gente comenzó a empujar con más fuerza, haciendo que Jian se moviera instintivamente hacia atrás. Estaba perdiendo preciosos segundos, ya había perdido a Lili de vista. El siguiente metro hizo su entrada en la estación, así que más gente comenzó a salir de la nada, haciéndose hueco para entrar en el vagón. Otra marabunta de gente empujó con energía, dejando a Jian en el filo del andén. En ese momento, apareció un hombre en su lateral y lo cogió con fuerza de la camiseta. Jian lo miró asustado, el hombre miró al metro, Jian también miró instintivamente y antes de que pudiera calcular qué iba a pasar, el hombre lo empujó con fuerza a las vías del tren. 


SOBRE LA AUTORA

Soy Cristina Domingo y nací en Almería, España. De pequeña tenía problemas de comprensión y de atención, por lo que me obligaron a leer todos los días dos hojas del Barco de Vapor, finalmente, tras tardes de lloro y queja, la lectura y la escritura se convirtieron en mi pasión. Devorando con tan solo once años El Señor de los Anillos y actualmente, leyendo todo tipo de libros que caen en mis manos con un afán desmesurado por conocer la literatura de todos los países. Ya desde pequeña, comencé a escribir pequeñas historias, primero de carácter más infantil y después historias más adultas y con más contenido literario.  

Lo que me llevó a enviar mi primer relato a un concurso, con inesperados resultados, pues en 2014 gané el VIII certamen literario de la asociación grupo literario cultural Alfambra recibiendo el premio Óscar Abril con el relato "El fondo del mar de piedras". 

En 2017 creé junto a otros compañeros el club de escritura "Torre de Marfil", donde realizábamos ejercicios de escritura y, tras un año, finalmente, me lancé a escribir y publicar mi primera novela: The Seer: El misterio de Roslin.  

En 2019 publiqué la segunda parte The Seer: Los orígenes, Dundee.  

En 2021 publiqué el relato de “Pieles rojas” en la revista literaria Plumafanzine, Vol.7.  

En 2022 tuve la suerte de poder hacer una intervención especial en el  programa de radio “Rapsodia mental” dirigido por el mexicano Alejandro Garza, que podréis encontrar en Spotify.  

En diciembre de 2023 he publicado “Señor, perdónalos” que  podréis encontrar en Amazon.







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Nuria Blanco Nevado

FANTASÍA Y CIENCIA FICCIÓN

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