11 de diciembre
LA VOZ DEL GRAN ESPÍRITU
Julián Sánchez Caramazana
Oklahoma, 1905
El gran charco de petróleo vio la luz aquel día de 1905 en Glenpool, una época en la que los nativos pieles rojas ya eran historia o pasatiempo en la mayoría del país, como el mismísimo Gerónimo, que ese año vendía flechas, arcos y souvenirs y firmaba fotografías a los visitantes de la reserva a la que había sido trasladado.
Junto a él, Crazy Snake, uno de los pocos apaches supervivientes que años atrás habían estado en la exposición Panamericana de Búfalo, en 1901 y en la Universal de San Luis en 1904. Y la eclosión del estallido petrolífero en el estado de Oklahoma, en tierras que fueron de otras tribus, como ocurría en el este de Texas o en el norte de Luisiana, encendió de repente el corazón rebelde del bravo guerrero, uno de los viejos combatientes aún con vida en lo que era una prisión para uno de los hijos del Gran Espíritu.
Población cercana a los pozos petrolíferos en Oklahoma, 1907
El hotel Sheridan es uno de los más lujosos locales de entre las recientes construcciones de la población, con nuevas calles y grandes edificios y salones que imitan a los europeos, así como a los grandes cafés de París.
J. Wayne —el magnate del oro negro, perteneciente a una rica familia de extensa tradición en negocios de minería en Canadá y de joyas en Providence, dueña de grandes explotaciones de petróleo que se extienden más allá de los Apalaches—, apoya sus codos en la barra dando la espalda a Henry, el barman, y enfrentando a tres individuos de aspecto poco amigable para él, vestidos al estilo de la actual moda europea y con revólveres pendiendo de sus cananas sobre la pierna derecha.
—Señor Wayne, es usted un canalla y un ladrón —le dice el impecable hombre de cabello rubio, de no más de treinta años y tez morena, situado unos pasos delante de los otros, que lo secundan.
—Carl —le responde Wayne a su interlocutor, acercando las manos a sus Colts 45—, eso que dices es muy peligroso. Yo os he comprado la tierra y os he dado trabajo y todo lo que hago es legal, no como algunas de vuestras labores extras, que os aportan beneficios. Conozco a tu padre y por el cariño que le profeso no tendré en cuenta lo que dices.
—Nos compraste esas tierras al lado del gran chorro por una miseria y nos pagas una mierda por nuestro trabajo —le recrimina Carl al magnate adelantándose unos pasos más a sus hermanos, ambos de media estatura, cabello castaño y ojos verdes, dos gemelos que mantienen silencio.
—Os di lo que se pagaba por aquel entonces y os pago según vuestro rendimiento. Tal vez no deberías beber tanto y ganarías más.
—Nos has arrebatado todo lo que es nuestro.
—¿Vuestro? Nada de lo que hay aquí es tuyo o mío, era de los pieles rojas y se lo quitamos. Si somos ladrones, lo somos todos, vosotros y yo y toda esta gente. ¡No me vengas con estupideces!
Oklahoma, reserva india, varios días antes, 1907
Un nutrido grupo de jóvenes entre los 16 y 25 años miran con respeto y admiración a los dos venerables ancianos chiricahuas.
—He hablado con el gran Espíritu durante las últimas noches —les dice Gerónimo con los ojos cerrados—, tras varios años de intentarlo. Su voz clama hoy una última batalla por todas las naciones que somos y fuimos luchando contra el hombre blanco invasor, por aquellas tierras que se unieron una vez y derrotaron a Caster.
—¡Escuchad al gran jefe! —añade Crazy Snake—, ¡os necesitamos!
—Será Nube Blanca, el joven descendiente del pueblo seminola, elegido por el Gran Espíritu, quien os lidere —prosigue Gerónimo abriendo los ojos—. Ya sabéis adónde debéis ir y lo que tenéis que hacer. Volved a pintaros con los colores de guerra y uníos por última vez contra quienes han asesinado todas nuestras culturas y nos han convertido en su zoológico humano particular. Tenemos que lavar una vez más estas vergüenzas.
Los gritos posteriores a las palabras del viejo cacique apache son amortiguados por el ruido creado por un repentino fuerte viento, seguido de una lluvia fina que acaricia el rostro de los guerreros y así consigue silenciar las voces, siendo la voz del Gran Espíritu la que les habla con el agua que cae como lágrimas de agradecimiento.
Hotel Sheridan, Oklahoma, 1907
—No eres nada más que un criminal, un asesino, eso es lo que eres Wayne —le grita Carl al magnate, un tanto distanciado de sus dos hermanos, mientras dirige su mano derecha hacia la culata de su arma, coincidiendo con la sonrisa de desprecio de Wayne y, detrás de él, el movimiento de cabeza del barman tratando de indicarle que se esté quieto.
Pero Carl no entiende el mensaje de Henry, no comprende su gesto. Los dedos consiguen aferrar la culata y la velocidad del magnate queda demostrada al disparar sin fallar. El petrolero sigue apoyando su hombro derecho en el mostrador, empuñando en la mano izquierda su humeante Colt 45 y acertando en el estómago y el cuello de su enemigo.
El muchacho queda quieto, en pie, mirando el agujero del estómago con sus ojos azules; mientras, los gemelos usan el cuerpo de su hermano de parapeto consiguiendo desenfundar sus revólveres y obligando a Wayne a dejarse caer al suelo. Los proyectiles de las armas de los Logan se clavan en la barra del hotel Sheridan sin encontrar su blanco. El enemigo gira dos veces más en el suelo hacia su izquierda y apoyando la espalda en el mostrador, fuera del alcance de las armas de los gemelos, abre fuego contra ellos alzando sus brazos, vaciando los tambores de sus Colts 45 y destrozando a balazos las bocas y frentes de los Logan.
Nadie comenta nada en el interior del Sheridan y Wayne da media vuelta dirigiéndose hacia Henry, al otro lado de la barra.
—Lo siento, Henry. No he podido evitarlo, iban a matarme, venían a ello. Lamento las muertes, tengo un gran afecto hacia su padre.
—No se preocupe, señor Wayne, ha sido en defensa propia. Usted ha tratado de evitarlo. Retiraremos los cuerpos enseguida y limpiaremos la sangre del suelo, avisando a la familia Logan para que recuperen a sus hijos. Le diré al sheriff que no se preocupe. Todos hemos visto lo ocurrido, no dirá nada.
—Más le vale que no diga nada, le va muy bien en su trabajo. Dale mi pésame a los Logan, por favor. Les ayudaré en lo que haga falta y tú tendrás una buena recompensa por todo esto.
—Gracias, señor Wayne.
—Gracias a ti, Henry.
—No se merecen, señor.
Extracción petrolífera de J. Wayne, torre de vigilancia, Oklahoma, 1907
Horas después de lo sucedido en el hotel Sheridan, el magnate reparte billetes a Steve, Gary y Clint, sus hombres de confianza, en lo alto de la torre de vigilancia.
—Manteneos alerta, chicos, y cuando acabéis el turno ir al Sheridan y bebed lo que queráis a mi salud y que lo apunten a mí cuenta. Esto es un regalo y habrá más.
—Gracias, señor Wayne —le responde Gary, un hombre de casi dos metros de altura vestido con ropa vaquera que sostiene un brillante Winchester modelo 1907, semi automático, regalo de su patrón. Un arma fabricada recientemente por la Winchester Repeating Arms Company en New Haven, Connecticut.
—Muy bien, chicos, me voy, me están esperando.
—Diviértase, señor— comentan los otros dos hombres mientras su jefe desciende los escalones de la torre de vigilancia y, al girar sobre sí mismo, ya en tierra, se encuentra con las ruedas de su Cadillac Modelo M pinchadas.
—¡Joder, vaya mierda, lo que me faltaba! —exclama al ver lo sucedido. Se queda lívido al comprobar y ver, a su vez, el cuerpo de Hilary, su amante, cosido a flechazos y clavado en el asiento con varias lanzas atravesando sus pechos.
La exclamación es seguida por un movimiento veloz, desenfundando sus armas, que no evita que una flecha lanzada por Nube Blanca, situado detrás de él, se clave en su cuello, atravesando la carne hasta salírsele la punta por la boca. Dos seminolas de no más de 17 años se acercan por ambos lados y le acuchillan más de treinta veces cada uno.
Un fuerte viento, seguido de una fina llovizna, silencia los aullidos de los jóvenes guerreros en la última alianza entre tribus urdida por el viejo Gerónimo en la reserva.
En lo alto de la torre, a Gary le extraña la repentina lluvia y el viento desatado de improviso, pero el ruido que este provoca no le despista, por eso no le sorprende el salto dentro del puesto de vigilancia de un joven kiowa que blande un hacha a escasos metros. El hombre blanco esquiva dos acometidas con un par de fintas, matando de un culatazo en la sien a su enemigo y abriendo fuego con el Wínchester contra dos cheyenes que saltan contra él desde una barra de la torre.
Los dos guerreros caen hacia el exterior llevándose por delante a otros tres jóvenes pieles rojas que trepan veloces por el hierro.
Ya en lo alto de la torre dos chiricahuas, de unos veinte años, sí que consiguen llegar hasta el interior y clavar sus cuchillos en el vientre de Steve al cual lanzan al vacío.
Uno de ellos, el más rápido, salta contra Clint antes de que pueda reaccionar y lo empuja, cayendo ambos sobre el coche del fallecido Wayne, al tiempo que Gary dispara con su rifle hacia abajo de las escaleras abatiendo a más de media docena de guerreros y consiguiendo bajar por ella y huir entre la oscuridad de la noche.
Una docena de jóvenes guerreros de diferentes tribus coloca sobre la torre de vigilancia varias ametralladoras Gatling M1903, modificadas por el ejército de los EEUU, que habían sido compradas a los Logan, principales traficantes de armas de la zona. Es Nube Blanca el encargado de disparar con ellas contra las torretas de extracción del oro negro, contra algunos de los trabajadores y vigilantes, mientras varios de sus hombres lanzan flechas incendiarias y cartuchos de dinamita que estallan contra el yacimiento, convirtiendo el lugar en un infierno y una ola inmensa de fuego.
Reserva india en Oklahoma, 1907
—El Gran Espíritu me ha dado las gracias. Vuestro ataque no se olvidará y algún día puede que volvamos a ser los dueños de nuestras tierras —les dice Gerónimo a Nube Blanca y a los escasos jóvenes que han regresado tras el último ataque—. El Gran Espíritu ha hablado.
Nota del Autor: El cacique chiricahua Gerónimo, proclamado jefe a la muerte de Cosiche, nació en Arizpe, Sonora, el 16 de junio de 1829 y falleció, a la edad de 79 años, en la reserva de Fort Sill, en Oklahoma. Durante los últimos años de su vida se decía de él algo parecido a que era «un buen indio».
Nota del Autor para esta publicación: Este relato inicia la antología titulada “10 del 20” (relatos pulp para un siglo maldito). Una recopilación en la que el escritor, guionista de cómic y editor, Iván Guevara, ha reunido a un grupo de geniales autor@s para que cada un@, y con diferentes temáticas, escribiera una narración centrada en una de las diez décadas del siglo pasado. Es una maravilla de libro en el que tengo el privilegio de abrir la primera década con lo que sería un western, con guiños, diversos homenajeando el género y con una documentación real convertida en ficción. Podéis adquirir esta antología en: genteovejuna.com
SOBRE EL AUTOR
Julián Sánchez Caramazana, Barcelona, 1962, escritor, asesor editorial, educador social, actor de espectáculos, colaborador en prensa nacional e internacional, redactor en radio, colegiado en ACEC, el CPC, y el CEES Rioja y coordinador del Gabinete de Prensa autogestionado de su colección editorial Damas de Sangre, programa actividades y da charlas y conferencias de diversas temáticas, representando por toda España, desde hace años, espectáculos diversos como su exitoso Chupitos de Sangre.
Es finalista en el XII Premio Mario Vargas Llosa NH de Relato, el concurso internacional tragedias Poéticas de Diversidad Literaria en 2021, y el V Internacional de Haykus de 2021 de la misma organización, Reina Amalia de Poesía (Palma de Mallorca), menciones especiales y finalista en el concurso Cuarentena del Panamá Film Festival 2020, y en 2021. Finalista durante varios años en el concurso de microrrelatos de Horror Molins Film Festival, con dos menciones especiales siendo la última, en 2021 y Fnac Alicante 2012 sobre Bram Stoker, Sant Jordi de Nou Barris, Bcn, 1991, con multitud de premios más, en 2022 y 2023, suma ya más de una docena de ellos, y selección de textos, narraciones y poemas para antologías en otros concursos anualmente. A ello se suma la publicación de un relato en la antología de reciente edición Pandorum, de ciencia ficción, volúmenes 1, 2 y 4, así como en la antología “Diez del Veinte”, el bolsilibro, novela, “La Mujer del Winchestr 66” (Genteovejuna, 2023) y la publicación, comprados los derechos de autor por la editorial Hades (marzo, abril, de 0002) de su novela La Venganza de Una Diosa, de la trilogía Asén, la Renegada, más las dos primeras novelas de su saga, a modo de weirdwestern, Blood of Wolf, tituladas El Clan de La Frontera, y Duelo en Silver State (Matraca Ediciones, Sevilla, 2022-2023)
Sus sagas noveladas más conocidas son Mercancía 1, 2 y 3, recientemente editadas y que se está adaptando a guion de tv, La Soledad del Zombi, La Desaparición del Vampiro, La Endemoniada, Enemigo del Comanche, Mercancía o novelas como Las Lágrimas del Tigre, así como Allan Quatermain y La Mujer de Dos Corazones, y destacan libros de relatos como La Cara Quemada del Diablo, Cuencas Vacías, Miedos del Miedo Social, Chupitos de Sangre, Venidos del Miedo, poemarios diversos, y obras en antologías.
Su nueva novela Falsos Espejos, de temática judicial y policial, a modo de novela negra, fruto de un trabajo periodístico de investigación, está cosechando desde 2.022 una muy buena lista de reportajes y reseñas positivas y exitosas en los últimos meses.
Durante 35 años, o más, Julián, ha coordinado y dirigido el trabajo de investigación La Desaparición de Vampiro entorno al culto a la sangre, la figura del vampiro, el vampirismo, brujería, magia y exorcismos, de carácter universal en todas sus expresiones.
Tags :
Nuria Blanco Nevado
FANTASÍA Y CIENCIA FICCIÓN
Cada vez que compras un libro a través de los links de Amazon o La Casa del Libro que te he dejado, me llevo un pequeño porcentaje. Es una forma de ayudarme si te gusta mi contenido, y el precio para ti es el mismo. ¡Muchas gracias!





Publicar un comentario