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lunes, 27 de noviembre de 2023

15 de diciembre

SUEÑO DE UN DRAGÓN

Carlos Gómez


Desde el día en que nací, he aguardado con expectación el momento en que mis hermanos rompan sus cascarones. Hace dos años, uno de los huevos comenzó a agrietarse. Me emocioné muchísimo, pero mi madre me explicó que el nacimiento de un dragón es un proceso muy lento. Desde entonces, cada día voy a visitarlos para ver si la grieta se ha ensanchado. 

Tras comprobar que se encuentra en el mismo estado que ayer, dejo atrás el nido y me dirijo al saliente con vistas al pueblo humano. Siempre que lo veo me hago las mismas preguntas: «¿Cómo será el día a día de esos humanos?». «¿Ellos también escalan las montañas para comer hielo?» «¿Habrá niños con los que poder jugar, mientras espero a que nazcan mis hermanos?» 

Llevo mucho tiempo queriendo bajar a ver cómo era el pueblo, aunque mi madre insiste en que primero tengo que dominar el polimorfismo, para poder transformarme en un humano. ¿Tan grave es ser una niña con cuernos y cola? Pues bien, al fin he conseguido tomar el aspecto de una niña. Es el momento perfecto para salir volando y explorar.

Bato mis pequeñas alas para elevar mis zarpas del suelo y me lanzo por el precipicio. Estoy tan nerviosa y tan contenta de que mi madre me deje bajar y conocer a más gente que estoy segura de que nunca olvidaré este momento. Aún recuerdo sus palabras cuando insistí en ello: «Hace cientos de años, yo también fui una dragoncita como tú y sé lo que sientes. No te puedo prohibir que bajes, porque si lo hago, me desobedecerás y conocerás a los humanos sin saber nada sobre ellos. Te daré algunos consejos si de verdad tienes curiosidad y te enseñaré a cambiar tu apariencia. Ya sabrás por qué».

Planeo hasta esconderme en el bosque de abetos nevados, usando como camuflaje mis escamas azules, alejada del pueblo.

Pongo en práctica mi cambio de aspecto. Me toco la cabeza; no hay cuernos. Recorro mi espalda; tampoco hay cola. Ha salido bien.

Ando durante dos minutos muy emocionada, hasta que me doy cuenta de que aquel pueblo estaba demasiado lejos. Si hubiese seguido volando, ya estaría allí y, sin embargo, aún sigo caminando… Me dan mucha lástima los humanos; sus pequeñas patas les hacen ir demasiado lento a cualquier sitio. ¿Y si les enseño a cambiar de forma como yo? Seguro que así van más rápido.

Mis oídos captan un ligero golpe, que se repite una y otra vez. «¿Qué sería eso?» «¿Un humano?». Sigo el sonido; cada vez se hacía más fuerte hasta que veo a dos humanos golpeando un árbol con un objeto de metal. Noto que se dan cuenta de mi presencia cuando veo que sus ojos se clavan en mí. Ellos me miran muy confusos y yo… con admiración, asombrada por tener delante de mí a dos humanos de verdad, y no esas ilusiones que siempre hacía mi madre para explicarme cómo eran.

El más grande de los dos se quita su chaqueta y viene corriendo hacia mí. Me recuerda por un momento a mi madre; me mira con esa expresión en la cara, como cuando estaba aprendiendo a volar y me choqué contra la montaña. Mientras me abrigan lo mejor que pueden, recuerdo las palabras de mi madre y también que, con la emoción, se me había olvidado la ropa. Ahora lo entendía, no era normal ver a una niña desnuda en mitad de la nieve.

Acaricio el brazo del más grande y sonrío con timidez, ¡es real!

Quieren saberlo todo sobre mí, cómo he llegado hasta allí y dónde está el resto de mi gente. Pienso en decirles que me había lanzado desde la montaña, pero entonces Recuerdo de nuevo otro de los consejos que me dio mi madre: «No puedes desvelar qué eres».

Les doy unas contestaciones muy vagas y confusas. No sé muy bien qué decir, pero, al parecer, funciona. Me cogen en brazos y me llevan corriendo al interior del pueblo. Nunca me habían llevado en brazos… 

Lo primero que pienso cuando veo su poblado es que viven en cuevas muy extrañas. En el interior de una de ellas, una humana me hace preguntas mientras palpa todo mi cuerpo. Al acabar, se produce un silencio de curiosidad. Ella me mira, pensativa mientras yo le toco su larga cabellera lacia y la comparo con la mía.

—Parece que sufre amnesia, pero no tiene ningún golpe en la cabeza… —le cuenta al otro humano—. Dime pequeña, ¿qué es lo último que recuerdas antes de encontrar a mi amigo?

—Recuerdo querer venir aquí a jugar con más niños. —¡Es la verdad! No sé por qué me mira así.

Me lleva hasta una pequeña habitación, donde hay una roca rectangular, muy blandita… ¿cama, se llamaba? También hay un pequeño hueco en la pared donde descansa apilada la madera.

Me lanzo directa a la cama; tengo mucha curiosidad por ver dónde dormían los humanos… ¿Cómo es posible? Es demasiado blanda, parece que me absorbe. Me recuerda a esos días en los que jugaba con mi madre a que era un cieno y me hundía en su gelatinoso cuerpo. Era perfecta para jugar, pero no para dormir un sueño corto de un mes.

Me traen una comida muy extraña y una jarra con agua. Me gusta este pueblo: la gente que he conocido es muy amable y parecen preocuparse por mí, tanto como lo hace mi madre, pero no saben que el fuego me asusta y encienden unos troncos con la intención de calentarme. Intento usar mi aliento gélido para apagarlo, pero lo único que logro es soplar.

Tomo mi forma de dragón y lanzo una débil bocanada que apaga y congela la madera. Cuando miré a la humana, estaba muy asustada en un rincón.

«Nunca muestres tu verdadera forma o tendrás problemas». Recuerdo este consejo demasiado tarde. Doy un pequeño paso para acercarme a la humana, para que viese que no tenía nada que temer de mí, pero lo único que consigo es que grite.

Mis palabras no parecen tener efecto sobre ella. No atiende a lo que le digo; no parece que pueda tranquilizarla. Uso el polimorfismo para volver a ser una humana, una niña… con cuernos y cola. Estoy tan nerviosa por ver a alguien atemorizado que no me puedo concentrar.

La mujer sale corriendo, se va por la puerta y la pierdo de vista. Me siento en el suelo y recapacito sobre lo que ha pasado. Todavía no he conocido a ningún niño y ya tenía que seguir el consejo que más detestaba de mi madre: «Si descubren qué eres, huye». 

Me voy corriendo de allí, salgo por la puerta y me quedo quieta. Puedo ver a la muchedumbre, con palos, antorchas y otros objetos. Sus rostros no parecen amigables; son hostiles. Yo no les quiero hacer daño, pero tampoco que me lo hagan. Me asusto al ver las antorchas, aunque sé que su fuego es insuficiente para hacerme cualquier daño. Pero, en ese momento, solo puedo pensar en lo rápido que ha pasado todo. ¿Cómo habían sido tan amables y, de pronto, querían hacerme daño?

Ellos no se acercan y yo estoy paralizada. Parece que estamos condenados a mirarnos eternamente…

—¿Qué está ocurriendo aquí? —dice una voz femenina detrás de toda la gente. Más de la mitad giran la cabeza.

—¿Leliana? —preguntan varios a la vez.

—¡Ha vuelto!

—Ella sabrá qué hacer.

Se abre un pequeño camino entre la multitud y distingo a una elfa. Sabía que, en ese pueblo, los humanos convivían con los elfos, y sus comentarios me sugieren que parecen confiar en ella.

—Es un dragón. He visto cómo cambiaba y me intentaba matar con su aliento. —Asegura la humana que, minutos atrás, me miraba con ternura. —Mira esa cola… ¡Y esos cuernos! —La elfa es la única que parece tranquila en esa situación. Se acerca a mí hasta quedar cara a cara.

—El color de tu cola… las tierras en las que te encuentras… Es un dragón azul. —Asegura la elfa.

—No podemos dejar que se vaya. ¡Volverá y se comerá a nuestros hijos! ¡Esa cosa lo ha dicho!

—Yo no dije eso… —Entristezco al ver cómo la gente miente.

—¿Cuántos años tienes pequeña? —me pregunta con dulzura.

—Solo tengo cuarenta y tres…

—No conviene que os dejéis llevar por el miedo. —Alza la voz—. Es solo una cría de dragón. —Se agacha y me mira a los ojos—.  ¿Podrías mostrarme tu verdadero ser? Llevo cientos de años viajando y jamás había tenido la oportunidad de ver a un dragón azul.

En esa situación, la voz de aquella elfa es lo único que me daba seguridad. Tomo mi forma original y todos empiezan a gritar; algunos para hacerme daño y otros retroceden, asustados.

—¿Una cría eso? ¡Si es tan grande como un caballo!

—Imaginaos cómo debe ser la madre —responde la elfa—. Los dragones azules no son peligrosos, a menos que se les ataque o invadan su territorio. De los que de verdad deberíais tener miedo son de los dragones rojos y negros. No tenemos nada que temer de esta pequeña, suele alimentarse de la carne de diversos animales y, sobre todo, de hielo. Sospecho que su hogar estará en algún lugar remoto de estas cordilleras. Si decidís hacerle daño, si decidís que vuestros problemas desaparecerán si matáis a un ser inofensivo… estáis equivocados. Este pueblo quedaría transformado en un bloque de hielo con todos nosotros dentro.

Las sabias palabras tranquilizadoras de aquella elfa parecen calmar a sus habitantes.

—Solo está asustada. —Me acaricia la cara. El tacto de su piel en mis escamas es realmente reconfortante—. Vete.

Alzo en vuelo, ansiosa por alejarme de aquel poblado. Cuando regreso a mi hogar, mi madre no está; en su lugar, encuentro a la elfa, sentada en mitad de la nieve. Parece estar esperándome. Aterrizo a su lado, preguntándome dónde estaba mi madre.

—Cariño… No iba a dejarte sola —dice la elfa, levantándose para acercarse a mí—. Me hubiese gustado explicártelo todo, que aprendieses, pero mis años me han demostrado que es mejor que veas las cosas con tus propios ojos—. De nuevo me acaricia con un gesto que transmite el más sincero amor maternal.

Se transforma y, en su lugar, aparece el dragón gigantesco que es mi madre.

—Antes de que puedas volver a ver a cualquier persona, debes aprender a hablarles y a manipularles.


SOBRE EL AUTOR

Carlos Gómez Guerrero ha publicado tres libros: “El legado de Ferum”, que fue galardonado con el premio a la mejor novela fantástica 2017, “Isla de las letras” de la editorial Atlantis y “El legado de Luz” que es su precuela. Y “El legado de Éretic” que es la segunda parte, tras el legado de Ferum. Varios relatos cortos de fantasía en deviantart junto a otros autores como fantasyclubautores. Una novela ligera gratuita en Wattpad titulada “¿Un mundo de fantasía sin un rey demonio?”. Y por último, un canal de youtube “relatos y mazmorras” donde comparte su aprendizaje y consejos a la hora de escribir una novela.


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Nuria Blanco Nevado

FANTASÍA Y CIENCIA FICCIÓN

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